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lunes, 12 de enero de 2009

cuatro


(…) aquí mis pasos urden su incalculable laberinto.

No nos une el amor sino el espanto.

Buenos Aires, J.L.Borges.


Me tomé un cafecito a la velocidad del futuro para seguir caminando por lo plano y gris de esta ciudad tan llena de color [el color se ve cuando logramos ignorar lo gris que tanto apena]. Así voy feliz caminando, ya no hay árboles pero tampoco vagos, no veo pobres ni tampoco dinero, soy un dichoso ignorante, construyo murallas que me aseguran vida plena. De pronto mis paredes comenzaron a excretar un olor a pichi y mierda porteña, mi querido muro está todo trizado como la luna, y mi cuello comienza a sangrar. Ni don Miguel ni dientecitos de oro pudieron prever el fin de mi reinado, el día cayó sobre mí llenando los intersticios que aun no estaban cubiertos de mocos fósiles. Ahora la ciudad soy yo.


sábado, 3 de enero de 2009

III


3. Cada mañana al salir de la ducha comienza la contaminación diaria, un poco de aroma dental y a la calle, aire de camión fluye por mis doloridos pulmones adictos a los plumones, mi pelo ya huele a fritanga y yo me reconozco [y no me gusto] a partir de lo que veo en las vitrinas y en los ojos de los que no me miran. No me creo en el infierno, por lo tanto estoy en él.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

II

Solemnemente giro la llave y la chapa se abre. Las sombras son absorbidas por el duende secreto que no se deja ver y prende la luz del refri. He aquí mi ofrenda: frutillas naturales bañadas en pesticidas, crema chantilli tartracínica del crepúsculo. Los implementos sobre la mesa sobre mis pies atornillados en la rutina del almuerzo veloz, la vida reloj, la cultura chatarrera.

martes, 30 de diciembre de 2008

escritos de la época chatarrera

I


Malas noticias estimados delirantes. Ahora que la luna se resquebrajó por completo, y el día boca abajo dice adiós, nos hacemos carne y hueso, nos hacemos seso encebollado, McEspíritu que con doscientos millones de lágrimas podemos agrandar: combo que golpea y duerme sobre la mesa. Bienvenidos a la época chatarrera, en tu alimento, en tu consciencia. Una nueva cultura glocal, se trata del agua embotellada, del durazno en conserva, de la aceituna salada de Italia, del plátano refaloso del trópico, la palta sabrosa de la cordillera, el paraguas boliviano, la galletita europea. Ahora puedo comer lo que quiera, Wal-Mart es mi dios.