jueves, 23 de octubre de 2008

Entrevista a Zygmunt Bauman

por Glenda Vieites

Traducción: Mariana Elizeche.


Usted nació en una ciudad alemana que se convirtió en territorio polaco al final de la Primera Guerra Mundial. Luego se refugió en la Unión Soviética y desde hace unos años trabaja por elección en Inglaterra. ¿Desde su experiencia académica y personal, cómo define hoy la noc
ión de identidad?

Ludwig Wittgenstein siempre oscilaba entre la Viena natal y su tierra adoptiva inglesa; cierta vez comentó que el mejor lugar para resolver un problema filosófico era una estación de tren. Aunque bueno, aquellos eran viejos tiempos, cuando no se vivía con la prisa de la actualidad. No creo que hoy Wittgenstein hubiera dicho lo mismo respecto de un aeropuerto. Aún así sus reflexiones mantienen la misma fuerza. A mí me ayudaron a entender, de qué modo, en nuestros tiempos, la identidad tiende a ser algo tan provisorio, endeble, vulnerable, que obliga repetidamente a revisar los ‘planes a largo plazo’ (o lo que Jean-Paul Sartre llamaba ‘project de la vie’); se demuestra muy vívidamente lo poco confiables y riesgosas que son en general las resoluciones a largo plazo. Por primera vez en la historia, el cuerpo humano constituye la única entidad cuya expectativa de vida se ha prolongado. En cambio, todas aquellas instituciones sobre las cuales nuestros antecesores solían planificar sus existencias (asuntos públicos, ideologías, formas de vida, reglas de conducta, criterios de éxito y estrategias para una vida satisfactoria, etc.) tienen hoy una expectativa de vida mucho más corta.

¿Qué relación hay entre su concepto de modernidad líquida y su noción de identidad?

En nuestra modernidad líquida, las obligaciones de vida demandan una necesaria fluidez; permanecer inalterado representa una siniestra perspectiva y aterradora amenaza. En un instante y sin ningún aviso, los activos se pueden transformar en deudas. De allí, la contradicción contra la que todos debemos pelear. Tener identidad significa estar claramente definido, sugiere continuidad y persistencia, pero precisamente es esa continuidad y persistencia la que le otorga a la fluidez una tendencia algo suicida. Sin duda, la idea de identidad siempre estuvo, cada vez que apareció, dividida por una contradicción interna: sugería una especie de distinción que tendía a desdibujarse. La identidad enfrenta un doble dilema: debe servir a una propuesta de emancipación individual tanto como a un plan de membresía colectiva que sobrepasa cualquier idiosincrasia particular. La busca de identidad implica someterse a un fuego cruzado, a una convergencia de dos fuerzas opuestas. Hay una doble propuesta en la cual la pretendida identidad (identidad como problema y cometido) se debate y por la cual debe luchar en vano por emanciparse. Navega entre dos extremos de individualidad y total pertenencia, el primer extremo es inalcanzable, mientras que el segundo, como un agujero negro, debe absorber y eliminar todo lo que flota en su cercanía. Cada vez que es elegido como el destino de una excursión, la identidad inevitablemente hace vacilar cualquier movimiento hacia dos direcciones.

¿Es evitable esa contradicción?
La identidad presagia un peligro mortal para el individuo y la colectividad, aunque ambas recurran a ella como un arma de autodestrucción. El camino a la identidad es un interminable campo de batalla entre el deseo de libertad y la demanda de seguridad. Por esta razón, la guerra de la identidad permanecerá siempre inconclusa y sin ganadores, y la causa de la identidad continuará destacándose al tiempo en que se disimulen sus instrumentos y objetivos. Quienes practican y disfrutan de esta nueva inestabilidad, suelen relacionarla con cierta idea de libertad. Sin embargo, tener una inestable y provisoria identidad no es un estado de libertad sino más bien una obligatoria, interminable y nunca victoriosa guerra por la liberación. Cuando la identidad haya dejado de ser un asunto molesto (porque es imposible desprenderse de ella), y pase a ser un cómodo legado, las obligaciones que se presumen y esperan que duren de aquí a la eternidad, se habrán transformado en un inconcluso y exasperadamente ambiguo esfuerzo por desprenderse de las cargas del pasado. Aquel que persigue la identidad es comparable a un ciclista: la sanción por frenar un pedal es la caída, y hay que seguir pedaleando para mantenerse en pie. Avanzar con dificultades es un compromiso sin alternativas. Al pasar de un episodio a otro sin rumbo, viviendo a través de los sucesos consecutivos de un destino desconocido, guiado por el afán de borrar el pasado antes que por el deseo de delinear el futuro, la identidad del actor queda atrapada en su presente; es decir, se niegan las bases de su propio futuro. Y, al mismo tiempo, el pasado de cada identidad se encuentra esparcido en los consejos inservibles de anteayer, que ayer mismo fueron desechados por constituir una pesada carga. La idea central de la identidad, a partir de la cual se podrá emerger con un cambio continuo, incólume y probablemente reforzado, es que el homo eligens, el hombre elige para sí mismo un estado de permanente no resistencia, de auténtica inautenticidad. En la era de la modernidad líquida, sobre los negocios, Richard Sennett escribió: "Los negocios perfectamente viables son aniquilados y abandonados, los empleados capaces son echados antes que premiados, simplemente porque la organización debe mostrar que el mercado es capaz de cambiar". Al reemplazar "negocio" por "identidad", "empleados capaces" por "posesiones y compañeros" y "organización" por "uno mismo", se obtiene una fiel versión de la condiciones que definen al homo eligens.

¿Cuál es su análisis en relación a los episodios de xenofobia que se suceden a nivel mundial? Ejemplo: incendios en Francia.
No hay nada nuevo aquí. De hecho la mayoría de las novedades parecen inéditas por la brevedad de nuestra memoria colectiva. Los actores han cambiado, pero no las acciones. Hace casi un siglo, el gran sociólogo Georg Simmel, sugirió que la lucha, a menudo violenta, es ante todo un trámite preliminar para la integración. Demostró que los faccionarios habían aceptado (ya sea de manera entusiasta o desanimada) los valores dominantes de la época y deseaban unírseles a aquellos que practicaban (sin éxito) dichos valores. Los disturbios callejeros del siglo XIX y el "good deal" del siglo XX pueden ser explicados como las manifestaciones de las clases bajas golpeando tan fuerte como podían las puertas de la sociedad que se les cerraban en las narices. Sus violentas protestas desencadenaban reacciones también violentas. Los "establecidos" no deseaban que los "marginados" fueran admitidos. Las "revueltas raciales" parecen ser el resultado de que aún no se ha disuelto la jerarquía de antiguos valores. Cien años atrás se tenía como asumido que Europa era la expresión más sobresaliente de la evolución humana; el resto de la gente, que quería ser tratada como europea, debía renunciar a cualquier rasgo de identidad que los alejara de los estándares europeos. Se esperaba que los aspirantes asimilaran e imitaran cada detalle del estilo de vida europeo. Sin embargo, uno de los efectos actuales de la globalización es que tenemos un mundo repleto de diásporas, territorios habitados por miembros de cualquier grupo étnico o religioso que constituyen reminiscencias más de archipiélagos que de continentes. Para muchos de los integrantes de esos grupos, la superioridad del estilo de vida europeo no es ninguna obviedad. De hecho son reacios a abandonar sus propias tradiciones, que consideran buenas o aún mejores que aquellas que encontraron en el nuevo país al que han emigrado. Su idea de integración no imposibilita el derecho a la diferencia. Y seamos francos: ¿no es ésta acaso una prueba de que ellos han asimilado y aceptado las ideas europeas? ¿Acaso no aplaudimos la variedad y juramos apoyar el derecho a la diferencia? En la práctica siempre nos referimos a nuestro derecho a la diferencia, no a la de ellos…

A pesar de su diagnóstico alarmante se vislumbra esperanza en todos sus ensayos. ¿En qué radica esa esperanza?

La gente optimista afirma que el mundo que tenemos es el mejor posible; los pesimistas son personas que desconfían que los optimistas tengan razón. Así que por lo tanto, no soy ni optimista ni pesimista porque creo firmemente en otra alternativa (y quizá mejor): de que un mundo mejor es posible para mis congéneres humanos, y que la posibilidad de lograrlo es real. En el post scriptum de su obra magna, La Misére du Monde (La Miseria del mundo), el último Pierre Bordieu (hablando en nombre de los países europeos y las extensiones transoceánicas) señalaba que el número de personajes de la escena política que abarcaban y articulaban las expectativas y demandas de sus electores se está encogiendo rápidamente. El espacio de la política se está replegando sobre sí mismo y necesita ser abierto nuevamente; para ello es necesario traer los problemas privados y anhelos inarticulados y ponerlos en relación directa con el proceso político (y viceversa). Esto es más fácil decirlo que hacerlo aunque el discurso público está inundado de las pre-nociones de Emilie Durkheim, presunciones raramente aclaradas y menos aún consideradas de manera crítica. La experiencia subjetiva es llevada a un nivel en el que el discurso público y cualquier tipo de problema privado es categorizado, reciclado en el discurso público y representado como tema público. Para servir a la humanidad, la sociología necesita empezar por aclarar cuál es su sitio. Las valoraciones críticas de estas pre-nociones deben conjugarse con un esfuerzo por hacer visible y audible aquellos aspectos de la experiencia que normalmente se quedan lejos de los horizontes individuales, o detrás de los umbrales de la conciencia individual. Un momento de reflexión debe hacer consciente aquellos mecanismos que delinean una vida dolorosa e inconducente. Dibujar las contradicciones bajo un haz de luz no significa resolver las mismas. Un largo y tortuoso camino se expande entre el reconocimiento de las raíces de los problemas y su erradicación, y dar el primer paso no asegura que más adelante no se deba dar otros pasos. Sólo el mismo camino nos llevará hasta el fin. Y aún así no hay que negar la crucial importancia de la compleja cadena de eslabones que existe entre el dolor sufrido individualmente y las condiciones producidas colectivamente. En sociología, y aún más en la sociología que se ocupa de estar al día con sus tareas, el comienzo es más decisivo que ninguna otra parte. Siempre es el primer paso lo que designa y pavimenta el camino para la enmienda que de otro forma no existiría, dejando sólo anunciado tal sendero. De hecho, necesitamos repetir después de Pierre Bordieu: "Aquellos que tienen la oportunidad de dedicar sus vidas al estudio del mundo social, no pueden permanecer neutrales e indiferentes, en frente de las luchas que tendrá que afrontar el mundo en el futuro". Jean Pierre Dupuy describió la inevitable catástrofe. Mientras que Dupuy señalaba y profetizaba tal catástrofe, nosotros podemos hacer lo inevitable evitable y quizá así lo inevitable terminará por no acontecer. "Estamos condenados a la vigilancia perpetua", nos advierte. La falta de vigilancia es una condición necesaria para que tal catástrofe suceda. Proclamar su evitabilidad y pensar en la continuación de la presencia de la humanidad en la Tierra como una negación de la auto destrucción es, por un lado, una condición necesaria (y suficiente) para que esa catástrofe no suceda. Los profetas delinearon su sentido de misión a través de las creencias de Dupuy, sobre la inminente catástrofe. Ellos insistieron sobre la inminencia de este Apocalipsis no porque soñaran con trofeos académicos (revindicaban tal visión) sino porque deseaban mostrar que estaban equivocados, ya que no veían otra forma de prevenir tal catástrofe. A no ser que sea reprimida y domesticada, la globalización negativa convierte a la catástrofe en algo inevitable. Sólo cuando esta profecía sea considerada con seriedad, la humanidad podrá albergar albergar alguna expectativa de impedir la catástrofe. La única posibilidad es comenzar una terapia en contra de este creciente miedo, mirar a través de él, estudiar sus raíces… En definitiva: sólo enfrentando el miedo se lo podrá erradicar. La llegada del nuevo siglo puede conducirnos a la catástrofe final. O puede ser el tiempo en el que se gestione un nuevo pacto entre los intelectuales y la gente. La elección entre estas dos alternativas aún se encuentra de nuestro lado. Yo creo que, en estas circunstancias, la pérdida de la esperanza es el mayor desastre que le puede acontecer a la humanidad. Tener esperanzas es nuestra obligación.

[documento raptado de: http://www.elinterpretador.net/22EntrevistaZygmuntBauman.html ]

sábado, 11 de octubre de 2008

viernes, 3 de octubre de 2008

basura colectiva


[musiquita para hacer más amena la lectura, aunque está media espacial...]


Ayer hubo una tocata por el primer aniversario de la nueva región de los ríos. Como no faltaba más, la muni se movió y trajo a re-nombrados y re-petidos artistas para animar la cosa, aunque reconozco que lo de repetido es por un sesgo que explicaré más adelante.

A eso de las nueve y media comenzó el sandungueo de la mano de sexual democracia, que no prendió mucho a la masa, pero no importó tanto, si total recién se estaba entrando en calor, de la mano de unos vinitos y algunas chelitas entre los comensales de tan importante evento. Luego apareció inti illimani, los no-históricos [y he ahi mi sesgo, yo prefiero a los otros]. ¿No se aburrirán de tocar siempre los mismos temas? Yo que vivía en Valpo los veía a cada rato en actos de la misma calaña y lo mihmito siempre. Cabe destacar que Valparaíso es un experimentado lugar donde se dan este tipo de fiestas colectivas y también donde se aprecian muy claramente sus consecuencias.

Al terminar de tocar Inti, nos entretuvieron con el más fino reggeaton envasado para capiar el frío, hasta que apareció el plato fuerte de la noche: la sonora palacios. Fue imposible no mover el esqueleto, aunque cada vez eramos menos eso nos acercaba más, bailabamos con desconocidos e incluso comenzaron los acosos -por parte de unas compañeras- a un niño jipilais. Hasta el momento todo era chistoso y absurdo, pero como el absurdo tiene muchas facetas apareció otra de sus manifestaciones: volaron los combos y los shorizos se hicieron notar entre la multitud.

Al final todo eso pasó piola, cabía dentro de la normalidad de este tipo de celebraciones masivas. Cuando terminó la cosa, y la gente comenzó a fluir fuera de la costanera, se pudo observar como apareció un nuevo suelo. Era posible hacer un estudio estratigráfico de la basura que botó la gente desmedidamente, de verdad que era un espectáculo deprimente. En algún momento escuché tristes consuelos de algunas personas, cosas como "total limpian mañana", como si eso diera la libertad, el permiso de botarla en la calle. Y es que siempre es un poco así, un poco "hasta nunca basura, desaparece de mi vida". ¿Quién sabe realmente qué pasa con la basura que se va en el camión que pasa dos días a la semana? ¿Cuántos saben qué pasa con los desechos que se botan cada día por el excusado? Aunque quizás estoy siendo injusto, muchos lo han pensado, pueden tener ideas al respecto, pero reflexionar profundamente sobre ello y modificar nuestra conducta: eso es otra cosa.

Lo clásico es desentenderse del cruel destino de la basura, que es a la vez el cruel destino de nuestro planeta. Estas fiestas colectivas se convierten en una metáfora bastante precisa de la actitud ciudadana común. Sobretodo me impresionó que se diera aquí en Valdivia, donde tanto ruido se ha hecho por celco y su mierda en el río, por los cisnes muertos y por el desarrollo sustentable. Y precisamente esto me trae a la cabeza otra idea: las luchas son bonitas cuando son exotizantes. La batalla ecológica romántica es aprobada, defendida y peleada. ¿Y qué pasa con la batalla cotidiana? Hay una realidad que nos toca vivir a diario, en donde botamos los papeles de helado en la micro, tiramos las colillas de cigarro en la vereda, lanzamos el papel con moco al basurero de la calle [y si no le achuntamos y se cae, filo, no me pasa nunca, tengo el perdonazo, soy la excepción], compramos botellas desechables que se van para siempre, ocupamos bolsas de nylon que se acumulan y acumulan, cosas así. Por eso la fiesta es metáfora, porque muestra a una mayor escala esa contradicción entre teoría y práctica, entre discurso y actuar, entre parecer y hacer.

¿La ciudad más bonita de chile?

pssss...otro detalle que casi se me escapa es como la gente se regionaliza tan rápidamente, sintiéndose parte de esta nueva provincia, izando banderas de orgullo. Mi teoría es que les da tan lo mismo la imposición de una territorialización que al cabo de un tiempo es como que siempre hubiese existido, dejan de cuestionarse el hecho [quizás nunca lo hicieron] y se acepta como una naturalidad. Algo asi como las comunidades imaginadas de las que hablaba benedict anderson. En ellas, explica [refiriéndose eso sí, a las naciones], se da una idea de comunidad, porque más allá de las desigualdades que puedan exitir se idealiza un compañerismo horizontal; es imaginada porque hay imagen de comunión a pesar de no conocerse; es limitada porque tiene fronteras finitas, aunque elásticas; y soberana porque da una idea de libertad, el estado es la garantía de ella
(Anderson 1993:21). Además aparece esa antigüedad subjetiva, en contraposición a la visión del historiador, quien sabe que realmente es un fenómeno objetivamente moderno.

En definitiva: ¡chitah que somos lesos! Pero yo no hablaría de ovejas en rebaño, sino de caballos con anteojeras. Y para rematar:



lunes, 29 de septiembre de 2008

De Persépolis a lo que creo

Hace unos días leí un comic, "Persépolis" escrito y dibujado por la iraní Marjane Satrapi. Es una obra autobiográfica, una muestra de todo el contexto que la rodea. Se sitúa en los principios de la revolucion islamica de 1980, y todo lo que significa para una niña -la cual conoció la educacion laica y que pertenece a una familia con valores progresistas occidentales que a la vez conservan sus raices religiosas basadas en el zorootrastismo- cuando se le impone otra manera de vivir y desenvolverse en la sociedad. Ademas, va contando todo el proceso histórico de Irán, desde los orígenes hasta lo que es actualmente, esto desde una perspectiva particular y subjetiva, he ahi la gracia que yo le encontré al comic. Es que cuando nos cuentan historias, es muy importante saber qué es lo que esas historias significan para las personas que las vivieron, además de los hechos políticos y económicos puramente, que pueden enfrascar el relato en algo frío y analítico.

Lo que me sigue llamando la atención es el paralelo que se puede establecer entre esta historia y la experiencia de la dictadura en Chile, y cada dia reafirmo la idea de que las dictauras -vengan de donde vengan, izquierda o derecha, de grupos revolucionarios o reaccionarios, de fundamentalistas, de conservadores o progresistas- lo único que logran es empobrecer a las culturas en donde se llevan a cabo. Quienes se exilian en otros países, muchas veces no logran adaptarse a los nuevos territorios y culturas en las que se establecen, y cuando regresan a sus sociedades de orígen se sienten ajenos, ya que han adquirido demasiado de la otra cultura, dejan de pertenecer a su grupo, se auto excluyen y sufren de inaptabilidad con su propia cultura materna. El comic nos sirve de guia para afrontar estas realidades. A mi lo que más me quedó de él fue que mientras uno no olvide quién es, de donde viene, cuáles son sus valores, será posible adaptarnos a nuevas realidades, aunque en un principio suframos por sentirnos extraños con nosotros mismos. Entender que ese sufrimiento nos entrega sabiduria y fuerza para seguir caminando en un mundo que a ratos nos da la espalda, pero nosostros lo enfentamos y superamos los desafíos, volvemos a ser parte de él creando una nueva realidad con lo que nosostros mismos podemos aportar para la riqueza de esa nueva dimension que se conforma a diario.

En "Persépolis" se recalca la importancia se ser honesto en todo momento, con uno mismo y con los demas. Cuando actuamos desde la mentira o guardándonos nuestras opiniones respecto a algo que nos molesta, nos opacamos, perdemos nuestra libertad, y la tristeza incomprendida reina en nuestros corazones. Hoy en día, en nuestro Chile, 1 de cada 2 personas sufre de algun grado de depresión. Esto en parte tiene que ver con los pocos espacios de diálogo que somos capaces de generar con nuestros pares como ciudadanos. En vez del diálogo reina el monólogo jerarquico; nos tragamos las descalificaciones de un profesor que se cree gurú y nadie dice nada, el jefe en el trabajo le grita a medio mundo y nadie dice nada, en la micro el chofer le dice a los estudiantes que se apreten y cedan sus asientos, y nosostros todos sumisos porque pagamos menos, aceptamos como si no estuvieramos estudiando para que el país progrese. Estas pequeñeces nos frustran un poquito día a día, nos entristecen. Por eso debemos comunicarnos y hablar cuando el sonido interno retumba y la sangre se hierve, canalizar esta energia en algo positivo que con respeto dice lo que siente y siente para encontrar un equilibrio en las relaciones con nuestros pares.

Desde que leí el comic, quedé con la sensación de que debemos decir más lo que pensamos, sin miedo, eso nos hace mas fuertes y enriquecemos nuestra cultura, abrimos la posibilidad de construir nuevas realidades. Somos felices cuando actuamos y tomamos cartas en el asunto, no se trata de ser un entrometido, si no que dejarse llevar y tener un rol en la sociedad, ser crítico de ella.

Estos pensamientos me reafirmó este precioso comic, tan cargado de dramatismo y pureza. Supe que tiene una película, ojalá sea igual de buena que el comic.







miércoles, 24 de septiembre de 2008

el consumo en masa

Y bue', siguiendo en la onda caricaturesca, aqui hay una animación de warner bros sobre el consumo en masa.



Nótese que la caricatura parte de buena manera, mostrando algo de realidad económica, para luego transformarse en un panfleto capitalista. Es extraño que cuando el profesor le dice a los ratones que "pocas ganancias y mucho volumen, crean sin duda una gran producción" se diga que habrá mayores salarios. ¿Qué pasa con los trabajadores que tienen que cumplir más horas de trabajo y menos sueldo? porque es más asi la cosa, sino ¿cómo se hace conveniente esta producción en la competitividad del mercado?: se necesitan bajar los costos de producción [el mismo profesor lo explica, gran contradicción dentro de un mismo discurso]. Es en este momento cuando el barco comienza a hundirse dentro del botellón de agua. Que extraño, es como un mensaje subliminal de la animación, un símbolo de caída, de desmoronamiento, de naufragio.

Así nomás es la cosa, sigamos atentos a los monos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

monitos

Los monos, hace rato estaba pensando en ellos. La semana pasada saqué de la bilbioteca un libro que desde un tiempo me estaba llamando la atención: "Para leer al pato donald". Se trata de un análisis de algunas historietas de disney: tribilín, disneylandia, fantasías y tío rico. En ellas, se va develando cultura norteamericana, la aceptación de una manera de funcionar del mundo que pretende imponerse y perdurar en la historia.

En las relaciones familiares que se encuentran en las historietas, hay una extraña simetría entre el adulto y el niño, ambos quieren perpetuar un orden familiar autoritario. Los sobrinos de Donald aceptan su subordinación frente a él y sólo se rebelan cuando su tío se comporta de manera infantil y no cumple su papel de mando. Luego vemos que este acatamiento va mucho más allá, a un plano mayor que el familiar: el del colonialismo.

La familia de patolandia constantemente viaja alrededor del mundo en busca de tesoros y negocios anhelados por el tío Rico Mcpato. Aqui el mismo modelo de la familia se pasa al sociocultural y en su relación con los nativos (parodias de México, de Perú, de Egipto, de países árabes -como lejanostán-, Mongolia, Vietnam y de Oceanía) siempre se ve al otro como atrasado y limitado. Intercambian riquezas por chocherías, y forman nuevas relaciones con los extrajeros, aqui se pasa del salvaje al subdesarrollado. Por ejemplo, "(...)en Donald 432 (escrito en pleno auge de la alianza para el progreso), los indios de Aztecland son convencidos por Donald de que los conquistadores son cosa del pasado, venciendo simultáneamente a los chicos malos, conquistadores contemporáneos. El botín del pasado es un delito. Se criminaliza el pasado purificando el presente." (Dorfman, Mattelart 1972:69). En otra aventura, mickey y sus amigos "buscan una mina de plata y desenmascaran a dos estafadores que aterrorizaban a los indios. Esta característica habitual de los nativos -pánico pavoroso e irracional frente a cualquier hecho que desconcierte su ciclo natural- enfatiza su cobardía (tal vez como los niños temen a la oscuridad) y la necesidad de algún ser superior que venga a rescatarlos y a restaurar el sol"(Dorfman, Mattelart 1972:67). Los indios recuperaron la mina y Minnie se lamenta, Mickey le dice: "lo siento Minnie, pero los indios habían descubierto la mina antes". "De todas maneras me alegro, ahora están libres de salir del barranco y vender sus propias joyas" responde ella. Aah! pero qué vemos, ahora los indios son libres para comerciar, lo que nos quiere decir es: ¡NO al colonialismo, SÍ al comercio! Osea, neocolonialismo.

Hoy día, recordando ese libro (que interrumpí el otro día y todavía no termino), empecé a pensar en otros monitos, como hong kong fui, karateca simpático pero inepto. En sus aventuras, al final el gato vivaracho (y por supuesto estadounidense) es el que salva la situación, pero humildemente no se lleva el crédito. Yo no conozco sobre el imperialismo y su implementación en Asia luego de la segunda guerra mundial, pero creo que este mono debe ser digno de un análisis más profundo y esclarecedor. Ooh! y ahora que me acuerdo, tenía identidad secreta: conserje, entonces creo que estaríamos hablando de un inmigrante.

Otros monos clásicos son los supersónicos, el ideal del modelo capitalista, la comodidad misma en el vivir, los protagonistas ni siquiera caminan! los llevan unas correas y más encima sólo aprietan botones. Pero también podemos remontarnos a su ascendencia: Los picapiedras, para quienes los avances tecnológicos significan el dominio sobre los animales/naturaleza (pájaro en el control remoto, en la cámara fotográfica, chancho come basura, dinosaurio retroexcavadora).

Sin duda que podemos seguir analizando muchos monos, a través del tiempo este ámbito ha sufrido transformaciones. Sería güena hacer la historia del arte de los dibujos animados. De repente Ren & Stimpy son un gran ejemplo de posmodernismo (en cuanto a técnicas de animación), o quizás el avatar lo mismo desde el lado religioso. Creo que cada vez somos más mestizos, cada vez somos más collage.
Habría que saber tomar y desarollar esto creativamente, más allá de intereses capitalistas y disfrutar la infinidad de posibilidades que es el ser humano. De todas maneras el mestizaje es inevitable con los nuevos sistemas de comunicación, asi que depende de nosotros que este "compartir la diferencia" sea en libertad y comunión, o en ceguera y violencia.



sábado, 30 de agosto de 2008

Pero sigo sin comprender la diferencia entre anarquismo y ecología social.
¿Existe realmente una diferencia?
-Se le puede atribuir a la expresión ecología
social significaciones bien diferentes. No existe realmente una diferencia entre
el anarquismo y la ecología social. Considero a esta última como una tentativa de ampliar el horizonte del anarquismo. No veo una oposición entre ambos; pienso que la ecología social es una extensión del anarquismo hacia una esfera más amplia de intereses humanos, en este período de descomposición de las clases sociales. [...] En el período de descomposición en el que vivimos, el anarquismo debe reconocer que el capitalismo produjo nuevas transformaciones. Las nuevas preocupaciones que generan esos cambios no se corresponden más con la división entre clases tradicionales. Se trata de preocupaciones relativas a la guerra, la paz, el medio ambiente, las nuevas tecnologías, nuevas instituciones, la reducción del poder de las personas frente al crecimiento del poder del Estado y de los monopolios transnacionales. La ecología social trata de expresar ese nuevo horizonte y desarrollar esos intereses por las cuestiones generales y darles una coherencia teórica y una significación programática, práctica y política.

Entrevista a Murray Bookchin